“Equipado con sus cinco sentidos, el hombre explora el universo que lo rodea y a sus aventuras las llama ciencia”.
-Edwin Powell Hubble
Observar y experimentar. Los fundamentos básicos del método científico que a partir de una hipótesis permite comprobar algo, aunque en sus inicios el experimento no era viable o no se practicaba tal cual. Muchos consideran a Aristóteles como una de las principales figuras iniciadoras de la ciencia al declarar que una piedra grande caería al sueño más rápido que una piedra pequeña, hasta que llego Galileo Galilei a realmente experimentarlo refutando esta idea. Hoy en día se puede decir que la ciencia ha influido totalmente en la cultura, economía, política, religión y tecnología.
Hablando de pandemias: durante la peste negra que devastó a la humanidad en el siglo XlV, la ciencia era empírica y seguía estando muy ligada a la filosofía griega y ampliamente controlada por la iglesia. Por ejemplo, el médico Alfonso de Córdoba afirmaba que la enfermedad provenía de una falla geológica originaria de un terremoto reciente y que liberaba gases del infierno a la superficie, un castigo de Dios. Al pasar los años y el problema empeorar llego la hora de experimentar: nace la cuarentena, aislamiento, alcantarillas, descubren la bacteria yersinia pestis. El mundo ya no sería el mismo.

Como era de esperarse la ciencia avanzó y evolucionó de manera impresionante dando paso a la llamada “ciencia moderna” y permitiendo la expansión de diversas ramas indispensables para la comprensión de la salud humana (biología, química, física). Pero en algún punto el consenso científico pareciera haberse tornado hacia el totalitarismo dándole demasiado poder a las instituciones y perdiendo parcialmente los niveles de objetividad. La divulgación comenzaba a tener aires de entramados oscuros detrás del telón. Los opositores o los que obtenían resultados distintos a los impuestos comenzaban a ser tachados por el cientifismo con nuevos términos: “anticiencia”, “pseudociencia”, y en ultima instancia: «conspiranoia».
“Tenemos que darnos cuenta de que la ciencia es en realidad un arma de doble filo“.
-Michio Kaku
En nuestra actualidad podemos encontrar fármacos y tratamientos novedosos prácticamente para cualquier cuadro sintomatológico en miles de enfermedades. Pero lo sorprendente es que gran parte de estas sustancias buscan un objetivo específico y no general o integral, es decir, buscan atacar el signo o síntoma, pero no la curación. Aun así, llegan rápidamente a fases avanzadas de investigación (a diferencia de tratamientos ancestrales o “alternativos”) y a pesar de sus múltiples efectos adversos declarados salen al mercado directo al consumidor (por supuesto, a precios exorbitantes).
Los medios masivos de comunicación exaltan los beneficios del nuevo descubrimiento y a su vez descalifican y minorizan todo lo que amenace al negocio. Las instituciones parecen ser cómplices comprando el método y el mensaje distorsionado llega inclusive a organismos mundiales y a la formación académica, imponiendo paradigmas y creando dogmas inamovibles. Como resultado también obtenemos profesionales enfurecidos al ser cuestionados que adoptan su papel en la obra, de tal manera que sin darse cuenta caen en el reduccionismo radical e indeseable que tanto daño ha ocasionado en materia de divulgación en salud.

Vamos entendiendo porque es tan fácil sumar más y más fármacos y tratamientos que no parecen aportar absolutamente nada a padecimientos como la diabetes y el cáncer, pero de hierbas y plantas como cúrcuma o jengibre apenas y nos enteramos de sus avances. Y con todo esto no estoy promulgando la idea de que la ciencia no sirve o que se encuentra totalmente manipulada. Debemos estar conscientes que los conflictos de interés son casi inevitables y es donde debería entrar nuestra capacidad intuitiva y de investigación individual.
“Sin conflictos de interés, me parece a mí, los propios conceptos de ético y no ético, moral e inmoral, y bien y mal no existirían”.
-Richard Alexander
Entonces, la financiación es un mal necesario pero que a veces desborda cinismo y sobreexplotación. Si fueras dueño de Nestlé… ¿invertirías en realizar estudios científicos de tus productos alimentarios que den como resultado efectos negativos?… lo más probable es que no. Y el verdadero problema llega a su clímax cuando esta información llega al consumidor en forma de publicidad desmedida.
5 “estudios científicos” para reflexionar sobre la divulgación en los medios
- Una copa de vino equivale a una hora de ejercicio (por Milenio).
- Saltarse el desayuno puede engordarte (por ABC Salud).
- Perder peso comiendo chocolate: la razón del porque debes desayunar dulces (por El Confidencial).
- Tomar cerveza adelgaza, es buena para la salud y alarga la vida (por El Caso).
- Alimentación para vencer al Covid: comer 6 a 10 veces al día y se incluyen croquetas (por Telecinco).
En lo personal y hablando específicamente de las ciencias nutricionales, también me forme con ciertos reglamentos (erróneos o distorsionados):
- Comer cinco veces o más al día eleva el metabolismo
- Los carbohidratos (cereales y derivados) son la base de la alimentación
- El desayuno es la comida más importante del día
- Lo más importante son las calorías y el balance energético
- El ayuno y dieta cetogénica son fatales para la salud
- La grasa es mala y debe limitarse en todo caso
Cuando la realidad te impacta no es sencillo desprenderte de lo que considerabas establecido y se encontraba tan fuertemente arraigado a tu formación, pero hacerlo es un acto verdaderamente científico y necesario si lo que buscas es tu propia evolución. El costo se refleja en que posiblemente te enfrentarás a los ataques desesperados de los “expertos” hiperespecializados y en ocasiones a tus mismos colegas por la diferencia de criterio, arriesgándote al desprestigio. Recomendación: escuchar con atención y respeto promoviendo el verdadero debate sano y retroalimentativo. Sin imponer. Sin juzgar.

Algunos prefieren mantenerse ahogados en el plan maestro de la industria, perdiendo el tiempo y energía en banalidades. Siguen priorizando el objetivo económico sobre la salud donde el principal perjudicado como siempre sigue siendo el paciente/consumidor. A resumidas cuentas los puntos para identificar a este tipo de “científicos” serían los siguientes:
- Manejan un pensamiento binario o polarizado: o es blanco o negro, sin matices.
- Padecen el efecto Dunning-Kruger: sentimiento de superioridad ilusorio.
- Aplican sesgo informativo: Buscan y comparten solo la información que confirme sus teorías.
- Se mantienen en la ventana de Overton: lo políticamente correcto.
- Una de sus falacias favoritas es “ad hominem”: atacan personalmente a la persona, no a la idea o razonamiento.
- Sufren disonancia cognitiva: sentimiento de amenaza cuando desafían sus creencias.
- Son dominados por el efecto “cámara de eco”: amplificación de cierta información censurando el resto.
- Temen equivocarse o aceptar un error porque lastima su ego.
- Confunden escepticismo con negacionismo.
Todo esto podría aplicarse prácticamente en cualquier rubro o ámbito. Pero nuevamente especificando en el área de la salud, también encontramos la tendencia de menospreciar estudios en animales, in vitro, observacionales, etc., cuando es posible que a partir de estos amplifiquemos nuestro abanico de posibilidades y subamos el nivel de reflexión acerca de los panoramas futuros y objetivos metabólicos en determinadas situaciones, así como también explorar el mundo de la información que en la mayoría de casos no llegará a expandirse ni comercializarse como se debería.
“La auténtica ciencia enseña, sobre todo, a dudar y a saberse ignorante”.
-Miguel de Unamuno
Pero entonces… ¿la mayoría de los estudios, hallazgos y métodos de divulgación científica cuentan con errores o sesgos? totalmente sí. En parte y paradójicamente, forma parte del desarrollo de la misma ciencia. Una estrategia eficaz podría ser desde el propio sistema, reducir la presión a los investigadores por hacer mayor cantidad de estudios en poco tiempo valorando más la calidad y la ética de sus publicaciones. No solucionaría la influencia de las grandes corporaciones pero tal vez algunas negligencias se irían reduciendo.
CONCLUSIONES
La historia de la humanidad no puede contarse sin ciencia. Ha permitido las peores catástrofes como también promovido y logrado las más grandes maravillas que en otros tiempos considerábamos imposibles. La ciencia seguirá siendo el método mas factible para el desarrollo del conocimiento. No obstante cada día se vuelve más necesario construir nuestro propio criterio y aprender a dudar, dudar de absolutamente todo.
Sería una utopía el tener respuestas definitivas para todo y plasmar la verdad absoluta de una vez por todas. Pero tal vez eso no nos corresponde ni es necesario, la incertidumbre es clave en nuestra naturaleza y deberíamos abrazarla con gusto y con aceptación por este viaje de aprendizaje que es la vida.
“Hasta el mas ignorante tiene algo que enseñarte. Hasta el mas sabio puede aprender algo de ti”.
-Mark Twain


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